Unión de Cofradías Penitenciales de Cáceres


En los años cuarenta del Siglo XX, la Semana Santa cacereña se asentaba sobre las tres cofradías “históricas” que nos trasmitían el legado de siglos: Nazareno, Soledad y Vera Cruz. Solamente cinco procesiones repartidas por Jueves y Viernes Santo y Domingo de Resurrección. La organización de la Semana Santa no debía plantear muchas dificultades. A finales de la década citada empiezan a surgir cofradías; unas nuevas, otras rescatadas del olvido. La de los Ramos en 1946, el Espíritu Santo en 1950, Batallas en 1951 y Estudiantes en 1958. Prácticamente supuso el doblar el número de cofradías y aumentar considerablemente días y desfiles. Hay otra circunstancia que supuso impulso y es la llegada a Cáceres de un nuevo Prelado procedente de tierras levantinas: el Doctor Llopis Ivorra. Don Manuel fue el gran impulsor del movimiento cofradiero. Quizá lo más importante fue la creación de la llamada “Comisión Pro-Semana Santa”. Aunque se reservó una presidencia simbólica, la ejecutiva la puso en manos de Monseñor Martínez Valero, Vicario General de la Diócesis recién nominada de Coria-Cáceres. Eran los días de 1957.

Aquella Comisión, antecedente de nuestra Unión de Cofradías Penitenciales, comenzó convocando un Pregón que en 1957, con Antonio Floriano Cumbreño en el Gran Teatro, era el inicio de la Pasión Cacereña. Concurso de carteles, carrera oficial, conciertos. Se hizo todo lo necesario para dar a la Fiesta el mayor relieve. Grandes personalidades de la época fueron miembros de ella encargándose de las secciones en que se dividió.

Esta Comisión subsistió hasta 1979, con diversa suerte. Una importante inflexión se producirá entre finales de los sesenta y la década de los setenta en que, incluso, alguna de las cofradías dejó de procesionar. Pero los ochenta traerían otros impulsos. Así, en 1986, un grupo de cofrades se une para proponer al Sr. Obispo la creación de la que se llamará Unión de Cofradías Penitenciales de Cáceres, con las existentes en aquel momento: Nazareno, Soledad, Vera Cruz, Ramos, Estudiantes, Espíritu Santo, Batallas y Cristo Negro. Desde entonces, al primer Presidente, el sacerdote Felipe Fernández Peña, han sucedido presidentes laicos. El número de cofradías se extiende ya a diecisiete (incluyendo una sacramental, que también procesiona).

La Unión no sólo organiza la Semana de Pasión, si no que a lo largo del año se suceden los actos por ella organizados: Presentación de la Guía y el cartel anunciador, el Vía Crucis oficial, la presentación de la Semana Santa en otras ciudades, el Sermón de las Siete Palabras o los Santos Entierros Magnos cada cinco años. Cáceres vive unos grandes momentos. Ha sido reconocida de Interés Turístico Internacional y como “Extremeño del Año” (Diario HOY).

José Manuel Martín Cisneros

Unión de Cofradías Penitenciales de Cáceres


En los años cuarenta del Siglo XX, la Semana Santa cacereña se asentaba sobre las tres cofradías “históricas” que nos trasmitían el legado de siglos: Nazareno, Soledad y Vera Cruz. Solamente cinco procesiones repartidas por Jueves y Viernes Santo y Domingo de Resurrección. La organización de la Semana Santa no debía plantear muchas dificultades. A finales de la década citada empiezan a surgir cofradías; unas nuevas, otras rescatadas del olvido. La de los Ramos en 1946, el Espíritu Santo en 1950, Batallas en 1951 y Estudiantes en 1958. Prácticamente supuso el doblar el número de cofradías y aumentar considerablemente días y desfiles. Hay otra circunstancia que supuso impulso y es la llegada a Cáceres de un nuevo Prelado procedente de tierras levantinas: el Doctor Llopis Ivorra. Don Manuel fue el gran impulsor del movimiento cofradiero. Quizá lo más importante fue la creación de la llamada “Comisión Pro-Semana Santa”. Aunque se reservó una presidencia simbólica, la ejecutiva la puso en manos de Monseñor Martínez Valero, Vicario General de la Diócesis recién nominada de Coria-Cáceres. Eran los días de 1957.

Aquella Comisión, antecedente de nuestra Unión de Cofradías Penitenciales, comenzó convocando un Pregón que en 1957, con Antonio Floriano Cumbreño en el Gran Teatro, era el inicio de la Pasión Cacereña. Concurso de carteles, carrera oficial, conciertos. Se hizo todo lo necesario para dar a la Fiesta el mayor relieve. Grandes personalidades de la época fueron miembros de ella encargándose de las secciones en que se dividió.

Esta Comisión subsistió hasta 1979, con diversa suerte. Una importante inflexión se producirá entre finales de los sesenta y la década de los setenta en que, incluso, alguna de las cofradías dejó de procesionar. Pero los ochenta traerían otros impulsos. Así, en 1986, un grupo de cofrades se une para proponer al Sr. Obispo la creación de la que se llamará Unión de Cofradías Penitenciales de Cáceres, con las existentes en aquel momento: Nazareno, Soledad, Vera Cruz, Ramos, Estudiantes, Espíritu Santo, Batallas y Cristo Negro. Desde entonces, al primer Presidente, el sacerdote Felipe Fernández Peña, han sucedido presidentes laicos. El número de cofradías se extiende ya a diecisiete (incluyendo una sacramental, que también procesiona).

La Unión no sólo organiza la Semana de Pasión, si no que a lo largo del año se suceden los actos por ella organizados: Presentación de la Guía y el cartel anunciador, el Vía Crucis oficial, la presentación de la Semana Santa en otras ciudades, el Sermón de las Siete Palabras o los Santos Entierros Magnos cada cinco años. Cáceres vive unos grandes momentos. Ha sido reconocida de Interés Turístico Internacional y como “Extremeño del Año” (Diario HOY).

José Manuel Martín Cisneros

 


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